El arte es lo que resiste:
                                                                                   resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza
.

(Guilles de Leuze)



Este relato se lo dedico a  las gentes que como Mónica, Felipe, Pilar, Pedro,  Nihiliano y Mercedes, Ascen y Consolación y a otros anónimos que de  forma generosa y entusiasta cuidan y muestran un patrimonio que sin ellos, no existiría. Por que ellos son sus guardianes a través del tiempo y sin ellos, ni nosotros ni nadie podría disfrutar de la belleza del arte, de un trozo de nuestra historia, de nuestro patrimonio, del nuestro y del de nuestros hijos y nietos. Sin su generosidad y entusiasmo, sin su bondad, sin su sabiduría nada de esto existiría para el gran público, para el pueblo, del que nació. 

Gracias a todos ellos, por ser como son.


Este año el 12 de octubre, día de El Pilar, caía en  miércoles y la reciente jubilación de Angel y unos días de vacaciones que me quedaban nos permitieron poder disponer de dos días por delante o por detrás que sumados al fin de semana podrían hacer un total de cinco días. 

Pero lo que comenzó siendo  solo una breve escapada  comenzó a convertirse en una salida en toda regla que merecía su  pequeño gran espacio.

Comencé trazando un bosquejo de sitios y lugares, pero según buscaba información aquí y allá era como meter la mano en una cesta de cerezas y tirar:  es imposible sacar dos y siempre se sacan más y más. Y eso es lo que empezó a pasarme y un pequeño mapa que comprendía tan solo unos kilómetros entre Aguilar de Campoo y Cervera de Pisuerga empezó a "iluminarse" con lugares por visitar aquí y allá.  A los pocos días de salir no había conseguido aún desgranar y separar las cerezas y no sabía por donde empezar, qué priorizar, por donde seguir y tan solo horas antes hacía llamadas de teléfono estudiando la posibilidad de visitar esas iglesias perdidas por pueblecitos y que escondían auténticas joyas del arte románico. Incluso el mismo día, cambié el itinerario.



Con esta sensación de caos y desorden, abandonamos Boadilla del Monte en la tarde del viernes día 7 por la N-I para dormir en Milagros en una pequeña y tranquila area recreativa junto al río a donde llegamos justo a la puesta de sol para el día siguiente, sábado alrededor de las 9,30 poner rumbo a lo que había decidido que sería nuestro primer destino: un conjunto de iglesias en Valdeolea, al sur de Cantabria cuya visita sería gestionada por una sola persona (Mónica 636838570)  que nos guiaría por dos de las tres de las que ella es responsable: San Juan en La Mata de Hoz y Santa Eulalia en Santa Olalla.  Santa Maria de las Henestrosas se quedaría fuera a no ser que tuviéramos suficiente tiempo para ella.

Unos 40 minutos antes de la hora prevista para nuestra llegada me volví a poner en contacto con ella y quedamos en La Mata de la Hoz, en la ermita de San Juan (42.933673; -4219501) a las 12 de la mañana a donde llegamos puntualmente después de habernos adentrado en un hermoso valle que si ahora, después de un seco verano y otoño era bonito, en primavera debía ser espectacular.


Allí encontramos a Mónica, nuestra joven guía, al pie de la pequeña iglesia. Comenzamos rodeando su exterior y descubriendo su espadaña descubierta, que si bien yo no había contemplado nunca, parecían ser habituales por la zona. Disfrutamos de las hermosas vistas de este lugar para adentrarnos luego en su interior a través de una especie de porche cerrado que protegía una  entrada de arco de medio punto.





Pero lo sorprendente lo hallamos en su interior que conserva su estructura románica de nave única y  ábside cubierto de frescos del siglo XV hasta la bóveda representando varias escenas del nuevo testamento:  la anunciación, visitacion, nacimiento, adoracion, circuncisión, predominando los tonos tostados y rojizos.  Toda una belleza que Mónica nos fue desgranando con entusiasmo respondiendo a nuestras preguntas.

El uso de pintura para decorar el interior de los templos, particularmente el presbiterio, debió ser habitual en Cantabria durante la baja Edad Media. Solamente a partir del siglo XVI, cuando se inicia el desarrollo de la imaginería escultórica y surgen talleres autóctonos de fabricación de retablos, se tapan estas pinturas.

La paleta de color es bastante reducida, predominando los tonos extraídos de los pigmentos naturales más cercanos. De ahí, la ausencia del azul (caro y difícil de conseguir) y el predominio de la gama ocres y rojos.

El autor, casi siempre anónimo, pertenece a un taller o a varios muy relacionados, que utiliza el mismo estilo y técnica. Trabaja en la comarca al menos desde 1470 a 1510, aproximadamente, estando muy relacionado con el taller que ejecuta los murales de las iglesias cercanas de Barrio de Santa María, Matamorisca, San Cebrián de Mudá, San Felices de Castillería y Valberzoso, entre otros como pudimos comprobar a lo largo de nuestro recorrido  por la comarca durante estos días.

Siguiéndola con nuestra autocaravana, nos dirigimos a  Santa Olalla a escasos kilómetros de La Mata (42.934634;-4.202228).


Esta pequeña iglesia se encuentra en una loma elevada desde donde se disfrutan de unas hermosas vistas del valle y su sencillo y sobrio exterior para nada anuncia lo que nos encontramos en su interior: de nuevo todo el ábside terminado en arco apuntado se encontraba cubierto de frescos posiblemente del mismo autor que San Juan. Los frescos forman el mejor conjunto de pintura mural gótica en Cantabria, realizado a finales del siglo XV.   Está más decorada y los temas son mas variados predominando  igualmente los colores ocres y rojos.

Mi cabeza gira dando una vuelta completa al ábside y se detiene en el lado derecho donde aparece una curiosa escena del infierno. Hago algún comentario a lo que Mónica me dice sonriente que siempre nos vamos a lo “malo” y que tenemos que empezar a “leer” los frescos de izquierda a derecha, que al igual que en una historieta, están enmarcados para separar las historias que cuentan. 

Nos fijamos en la última cena, con una larga mesa en la que los platos están llenos de enormes peces y un joven discípulo Juan aparece dormido sobre ésta al lado de Jesús. Mónica nos explica que es la forma de decirnos que como era el más joven, aguantaba menos el vino y un poco bebido, se durmió. Tambien llama nuestra atención sobre San Miguel que mata al diablo que está a sus pies mientras que pesa las almas de los difuntos. Esta pintura la encontraremos repetida en otras iglesias de la zona. 

Igualmente nos señala un curioso personaje que aparece en algunas escenas y que incluso parece cómico con unas calzas caidas.  En la  del calvario parece como si le diera una patada a Jesucristo, mientras que en el apresamiento de Jesús en el huerto señala a Judas mientras que es entregado. También la veremos en otras iglesias o ermitas así como el cesto junto a Judas. Mónica nos cuenta que en los evangelios apócrifos Jesús manda a Judas a buscar algo con una cesta para que no se encuentre presente mientras que hace la consagración.


Que el autor de estos frescos conocía estos evangelios tambien se muestra en la escena del infierno, ya que aparece la cabeza de  Leviatán con pecadores que se asan dentro y Jesús que desciende a los infiernos y salva almas, las primeras, las de Adán y Eva.

Al lado,  se representa a un demonio defecando pecadores que caen en una caldera cuyo fuego es animado por un diablillo con un fuelle.


Pero este fresco tiene aun más “miga” y Mónica llama nuestra atención sobre las cabezas que aparecen en la caldera, una con tonsura, lo que indica que es un fraile y otras con corona, indicativo del rey y fuera, otra con una mitra de obispo. Nos contó que las pinturas estuvieron allí por siglos y que a principios del XIX cuando algún cargo eclesiástico las vió ordenó que se encalaran las paredes, orden que afortunadamente no fue cumplida por el párroco.

Disfrutamos  un poco más de su contemplación, del arte, la originalidad, la belleza, de su singularidad, del lujo de tener a Mónica, una experta además de con su curiosidad despierta, en exclusiva, a lo que sumamos un entorno fantástico.

Fascinados aun por lo que habíamos contemplado nos dirigimos hacia Las Henestrosas. 

A pesar de que eran ya las 13,30 y su jornada laboral acababa a las 14, Mónica insistió en llevarnos a la iglesia de Santa María en las Henestrosas de Quintanilla, así que, accedimos y una vez más, la seguimos con nuestra autocaravana.

Pero antes de llegar y de camino hicimos una pequeña parada en un palacio (42.875149; -4.204959) muy singular  ya que era como una “corrala noble”, es decir, varias casas habitadas por familias nobles con un patio interior que compartían.


De lo  más destacable quizás su escudo de la fachada cuya posición del yelmo nos indica que es de un hijo legítimo (confieso que hasta ahora no lo sabía).

En el patio interior nos leyó una inscripción antijudía que figuraba tallada en uno de sus sillares. Después accedimos a su capilla muy curiosa ya que los frescos eran particularmente feos y sin valor artístico, posiblemente realizados por alguien de la propia familia.


Pero sí tenía su valor una talla románica que  representa a tres personajes: a la madre de la virgen, a ésta y a Jesús, y muy bella que captó inmediatamente mi atención. Hasta ahora, nunca había visto que se representaran los tres personajes juntos por lo que me costó procesar una escena en la que me “sobraba” uno.

Partimos ya  hacia Santa Maria  de las Henostrosas que aparece en lo alto de una loma (42.872196; -4.195151) 

Espectacular su emplazamiento, magnifica la vista que se disfruta de ella desde abajo.  Mientras nos  acercamos  notamos que su portada parece  algo artificial. Debió ser colocada aquí al desmantelarse los muros primitivos durante la ampliación.  


El ábside  con sus canecillos, mejor o peor conservados según su orientacion, es toda una belleza. Nuestros ojos los fueron desgranando con Mónica uno a uno: monjes, una dama, una sirena, un ave muy erosionada en la que en su cuello se enrosca una serpiente…

En su interior,  destaca la escultura monumental, de fina labra, habiéndose relacionado con la del monasterio de Aguilar de Campoo. Es hermoso, armonioso y curiosamente, luminoso. 


Destacan en ella motivos decorativos típicos de estos momentos como los dientes de sierra o las decoraciones vegetales o los capiteles de las columnas que dan acceso al ábside sobre todo el izquierdo que representa a Sansón luchando con un león con una curiosa figura en un lateral que sujeta firmemente la cola del animal. 

Destaca también una talla románica en el altar del XIV.

Cerca de las tres dimos por terminado el recorrido que habíamos iniciado tres horas antes. Mónica nos dice que a ella la paga el Ayuntamiento que a su vez depende de una subvención que no recuerdo de donde procedía, y que la continuidad de su trabajo depende de seguir recibiéndola.

El importe solicitado  por visitar cuatro iglesias haciendo un recorrido en coche y durante tres horas, nos pareció completamente ridículo. Así no podemos conservar nuestro patrimonio y menos, mantener personal cualificado como Mónica. Nos pareció todo un lujo haber disfrutado de sus conocimientos y compañía en exclusividad y tanto tiempo. Y deseamos, no solo que continue, si no que cunda este ejemplo que profesionaliza y facilita a los viajeros y curiosos amantes del románico visitar estos perdidos lugares que esconden joyas como éstas. 

Una vez que nos despedimos de Mónica, el sitio para comer y descansar nos pareció estupendo y  la hora más que  adecuada, así que comimos, descansamos y pusimos rumbo a Barruelo de Santullan. 

Y como no me rindo fácilmente, hice un último intento de contactar con la persona que abre la iglesia de Valberzoso  (Felipe  699407258) ya que la mala cobertura no me lo había permitido. Esta vez dejé un mensaje y a los cinco minutos recibí su llamada citándonos veinte minutos después.

Deshicimos parte del recorrido ya que pasamos por todos los sitios que habíamos visitado durante la mañana y tras Santa Olalla también a pocos kilómetros encontramos el pueblo de Valberzoso en el centro de un hermoso valle.

Mientras circulábamos, me pareció que una persona que atendía a las vacas en el campo me hacía una señal animándome a continuar y pensé que sería nuestro particular “amo de llaves”, así que seguimos. Paramos a la entrada del pueblo y en pocos segundos apareció Felipe en su land rover al que seguimos camino arriba con nuestra autocaravana ya que según él cabíamos sin problema….si no coincidíamos con nadie y llevándonos alguna rama baja por delante. 


Llegamos a una pequeña explanada que se abre al valle y donde se erige la iglesia de Santa Maria la Real (42.916336; -4.246944) 

De nuevo, pequeña, coqueta y el sencillo y austero exterior para nada delata lo que nos encontramos en su interior.  

Accedemos a través de una portada románica protegida por un atrio cubierto. 


Su interior está profusamente decorado con frescos que ocupan la bóveda de cañón, cubriendo todo el presbiterio y el ábside y en cuya cúpula reluce la Virgen María rodeada por ángeles con unas luminosas gamas cromática prevaleciendo como en las anteriores los ocres y rojos. 

Representan escenas del Nuevo Testamento, siempre en torno a la Virgen, a quien está consagrado el culto.


Destaca  la pintura de un jabalí sobre una de las columnas, animal que se supone abundante en la zona y tal vez relacionado con el culto  pero predominan escenas comunes o muy parecidas a las de las otras iglesias que hemos visitado: una última cena con platos llenos de peces, un San Miguel lanceando al diablo a sus pies mientras que pesaba almas, escenas del nuevo testamento, etc.,  y de nuevo mis ojos se fijan en una especie de juglar, en sus curiosas calzas, personaje que coincide  con el representado en otros frescos de alguna de las iglesias que hemos visto hoy.

Señalo pinturas y pregunto, pero Felipe, sentado en uno de los bancos, dice sosegadamente que él llega a donde llega, y que no sabe más. De esto no sabría, o querría no saber, porque en otras cosas nos mostró  una sabiduría que marcaba su estilo de vida, sencillo, confesándose feliz en lo que hacía y nos dijo una frase de un amigo suyo: “a esta vida hemos venido a ser felices,… no nos distraigamos”. Y dice que de vez en cuanto su amigo, que según él tenia mucha gracia, le decia: “Felipe,… que no te distraigas”. Hermosa frase que recoge toda una forma de vivir, una filosofía, sencilla y sabia. Felipe, que a través de sus claros ojos azules traslucía serenidad,  todo un personaje.

Y confieso que disfruté  tanto de los paisajes, del arte y  de su historia, como de las personas que nos acompañaron, Mónica y Felipe, que de una manera u otra, están ligados a ellas. Con una ventaja adicional: en ellos convergen o pueden converger distintas “disciplinas”, algunas con mayor autoridad que otras, pero cada una aportando parte de ciencia o conocimiento.

Atrás dejamos a Felipe y su serena y feliz existencia para dirigirnos a Barruelo de Santullan ( 42.890294;-4.282660) donde había reservado para visitar la mina a las 18.30 (reservas: 979 60 72 94). Y puntualmente apareció Oliver, quien me atendió por teléfono y que ahora sería nuestro guía  en la visita por esta reproducción exacta de una mina de carbón de “aquí”, de Barruelo, ya que insistió en que cada mina es distinta y se explota de forma, también distinta.

El nombre es Pozo Calero, mítico pozo de carbón, el más mortífero de Palencia y uno de los más peligrosos de España,  que  tiene sus orígenes en 1911, cuando comenzó su perforación. La extrema peligrosidad de sus labores causó numerosos accidentes a lo largo de su historia, entre los que destaca el de abril de 1941, con 18 fallecidos por explosión de grisú casi todos entre 17 y 20 años. Era uno de los pozos más mortíferos de la cuenca palentina

A principios de siglo  XX alcanzó más de 300 metros de profundidad  y en la segunda mitad los 480 metros con 22 kilómetros de galerías. Su cierre definitivo se produjo en el año 2002.


De la mano de Oliver entramos en la bocamina y nos fue explicando cómo se realizaba la extracción, como era el trabajo, la vida de los mineros. Es difícil encontrar palabras que califiquen los sentimientos que sus explicaciones me iban generando, quizás la más descriptiva o exacta sería “sobrecogedora”, por su riesgo, pero sobre todo por su dureza.

Quizás lo que más me impactó fue saber que trabajaban a oscuras y que la luz únicamente era un aspecto meramente psicológico,  así como el sonido de la barrenadora que nos reprodujeron unos instantes y reducido a un 60%. A este nivel de reducción era absolutamente ensordecedor y me cuesta trabajo creer que no se enloqueciera con él, mucho más si le añadimos otras condiciones extremas como la oscuridad.

Ni vista, ni oído funcionan aquí, el tacto, solo para distinguir roca del carbón, el gusto, con mascarilla para no tragar el denso polvo, y el olfato...supongo que también limitado por el polvo levantado al picar con el martillo neumático cuyo peso nos dijo que era de nueve kilos a los que había que añadir dos o tres de manguera y el aire comprimido, y que debía ser manejado con una sola mano ya que con la otra debían sujetarse.


Y más que curiosa la sensación al descender por un tubo cuya inclinación era tan solo 20 grados cuando en la mina la realidad es de 70. Algunas personas del grupo se marearon.  Aquí  nuestra vista consigue confundir al sentido del equilibrio. Lo que nuestros ojos ven no se corresponde con la posición real, por lo que sentimos que nuestro cuerpo cae hacia un lado.

A la salida nos sorprende el frío. Por la hora, decidimos quedarnos a pasar aquí la noche, en el mismo aparcamiento de la mina. 

Valoramos también la posibilidad de trasladarnos a las piscinas, pero aquí nos encontramos bien  y además somos bien recibidos. Oliver nos confiesa que ha intentado que el ayuntamiento asuma la construcción de un área para autocaravanas, como la de Aguilar o Cervera, pero que no hay dinero y le digo que sin servicios también puede haber una zona de acogida para nosotros, que sencillamente sería “regularizar” algo que además de haberlo hecho nosotros, seguro que ha habido y habrá otros que lo harán ya que el lugar es muy bueno.

(Y añadir aquí mi agradecimiento de nuevo a Oliver, que tras leer el relato hizo unas pequeñas correcciones a errores que había cometido).

DOMINGO 9 DE OCTUBRE


Noche fría. La mañana nos sorprende con un precioso espectáculo: un mar de nubes se desliza por las laderas de las montañas que están frente a nosotros como si fuera una blanca cascada de algodón en movimiento.Esto lo he visto  tan solo una vez más en la isla de La Gomera, unos 30 años atrás.

Antes de salir trato de ponerme en contacto con la persona que nos puede abrir la iglesia de San Cornelio y a San Cipriano en  Revilla de Santullan, nuestro primer destino por hoy (42.890294;-4.293114)

Pero  nos atiende su hijo  diciéndonos que su padre ya no lo hace y que no sabe quien puede abrirla. Que si no está abierta, no podemos verla. Pero soy persistente, no me rindo fácilmente así que hacemos los tres kilómetros escasos que nos separan de Revilla  y cuando llegamos nos encontramos la iglesia cerrada. 

Me entretengo en sus canecillos descubriendo dos eróticos, bueno, soy más concreta: un exhibicionista y un onanista aunque ambos con sus órganos respectivos amputados. Angel comenta divertido que tantos siglos dale que te pego...

Pasa un coche me dirijo rápidamente a él pero no llego a tiempo  y  recrimino a Angel por no haberlo parado para preguntar. Oigo que se aproxima otro y con este sí lo consigo. Es una señora y cuando la pregunto quién me puede abrir la iglesia, me dice que ella se encarga. 

Al rato aparece con las llaves y nos abre la puerta del porche cerrado descubriéndonos una hermosa y espectacular portada romanica, algo abocinada y esculpida con todo lujo de detalles que se conserva casi en perfecto estado, como si se hubiera hecho ayer. Dice que no ha sido restaurada. Es muy hermosa, de las más bonitas que hemos podido ver.

Nuestros ojos recorren todos y cada uno de los 14 personajes que decoran una arquivolta. Jesucristo, sus doce apóstoles  más dos personajes más a ambos extremos que me sobran. El de la derecha parece que es el propio escultor de esta escena, de nombre Miguel que se representó a sí mismo en actitud de trabajar. Luce vestimenta similar a la de los Apóstoles, sentado , con el puntero en la mano izquierda y una maceta en la derecha, acabando de labrar la escena. Lleva gorro, media melena y curiosamente se representó trabajando sentado.  Hay una inscripción que lo identifica: "MICAELIS ME FECI". El de la izquierda seguramente el arquitecto de la iglesia.

Charlamos un rato con nuestra guía y nos dice que debemos escribir nuestros nombres y dejar, si queremos, un donativo y que lo que quiere el pueblo es que la gente disfrute de la iglesia y que lo demás no importa. Son conscientes de que los que van a verla, saben a lo que van y valoran lo que encuentran.  Nos deja solos y nos dice que cuando terminemos tiremos de la puerta.

Vemos que donde está el libro  de anotaciones hay unas hojas plastificadas  en castellano e inglés sobre la iglesia. 

Admiramos los personajes sentados a la mesa, los pliegues de sus ropajes, el detalle de los dedos de los pies en aquellos que van descalzos, .. después nos detenemos en sus capiteles, a la izquierda Sansón abriendo las fauces de un leon, un centauro y un guerrero con cota de maya, a la de derecha, las tres Marías frente al Angel y luego otros capiteles con motivos vegetales.

Entramos en la iglesia y de nuevo el ábside aparece con frescos en los mismos tonos ocres y rojos de todos los que hemos visto hasta ahora. Somos incapaces de encontrar las luces, pero aun sin ellas podemos contemplarlos. Pero no son originales ya que éstos fueron vendidos a los americanos. Después, al final de la iglesia  nos detenemos en una hermosa pila bautismal.

De nuevo en el exterior, nos detenemos en la portada. Me siento fascinada y Angel ya se impacienta, pero me cuesta trabajo apartar mis ojos de ella.

Pero otros sitios y lugares nos esperan así que  dejamos atrás este pequeño pueblo castellano leonés donde  la despoblación también se nota. Casas cerradas por todos los sitios, algunas habitadas, pero otras tienen todo el aspecto de ser residencias de verano. Los inviernos aquí deben ser extremadamente duros y esta gente parece vivir en su mayoría del ganado, lo que supone 365 días al año de dedicación, haga el tiempo que haga, sol o nieve. Y con niños suponemos que aún debe ser más duro. De hecho recordamos la señal en un pueblo que dejamos atrás que nos pide que circulemos con cuidado que los niños escasean.

Ahora ponemos rumbo a San Cebrián de Muda. Aquí ya casi había perdido la esperanza de ver su iglesia ya que por teléfono en el centro de interpretación del bisonte me dijeron que la llave la tiene el alcalde que ese fin de semana no estaba. Sugiero que se la queden ellas y me la presten, pero me confiesan que la puerta tiene un truco nada fácil para ser abierta.

En nuestro camino dejamos atrás una peña con una ermita que parece estar de fiestas hoy.  Y como no me rindo fácilmente, cuando llegamos al pueblo preguntamos a un lugareño que lee un libro sentado en un banco al sol. Nos dice que no sabe quien tiene la llave. Paro un coche y también me dice no saberlo pero debe ver mi cara de decepción hace un esfuerzo y me dice que  me dirija a una casa cercana a la iglesia y pregunte allí. Nos acercamos y nos recibe Pilar, quien ha custodiado la llave el verano pasado. Aun así la buena mujer se dirige a otra casa a ver si hay suerte, y viene con una gigantesca llave en la mano. ¡Vaya, la hemos tenido! (42.891789;-4.386249)


Templo de un antiguo monasterio benedictino, exteriormente esta iglesia no presenta ninguna singularidad. De la fábrica original (siglos XII-XIII), románica de transición, conserva la nave con bóveda de cañón apuntado, la portada de tres arquivoltas y la gran espadaña triangular. En épocas posteriores se añadió una capilla gótica, se sustituyó el ábside, se construyó la sacristía y el pórtico neoclásico. Está construida casi enteramente a base de sillería de piedra arenisca rojiza.  

Es su interior, y una vez más, el que nos sorprende: todo el ábside y laterales están pintados con frescos y encontramos
escenas repetidas de nuevo: San Miguel con el pie en el diablo y pesando almas, la última cena con San Juan dormido al lado de Jesús,  peces enormes en platos y frente a Judas una cesta. Y recordamos lo que Mónica nos dijo en la iglesia de Santa Olalla sobre los evangelios apócrifos.  


Mas escenas del nuevo testamento, y otra vez la extraña presencia de ese personaje casi cómico con una pierna elevada y otra con las calzas bajadas. Pilar nos confirma que el pintor es el mismo. Parece que durante 40 años vivió de esto y no debía ser muy creativo.

Pero esta iglesia ofrece la singularidad de que tiene también decorada su bóveda que es ya gótica. Entre sus nervaduras hay pinturas. 

Aquí han movido el retablo del altar mayor al que han hecho una estructura que lo soporta para poder ver los frescos que escondía detrás. Todo un acierto que en la iglesia de Las Henestrosas se niegan a hacer por lo que no se pueden contemplar los frescos de detrás del retablo.

Charlamos tranquilamente también con Pilar quien nos contó un poco de su vida, y Angel y yo volvimos a coincidir que al margen del arte que contemplamos, la gente que nos ha ido acompañando y mostrando estas joyas eran también otro tesoro, cada uno distinto, únicos, peculiares, y todos, bondadosos, amables, sabios....con la serenidad que da una vida tranquila, aunque dura.

Tras despedirnos de Pilar nos dirigimos al centro de interpretación del bisonte europeo.( Tlfnos: 979605823, 666229574  y  636726814). (42.897495; -4.386216).

Parece que aquí han reintroducido un grupo de siete bisontes europeos procedentes de macho y hembra de dos subespecies, únicos ejemplares que sobrevivieron a la extinción  al estar en reservas, ya que a principios del siglo XX se mató el último ejemplar en libertad.

Proyectan  un video y después subimos por una pista forestal caminando durante unos 20 minutos hasta llegar a una zona vallada. 

También se puede llegar en land rover o en bicicletas que tienen allí aunque ya varían los importes de la visita.


Una vez allí  pudimos contemplar un pequeño grupo de estos ejemplares, un enorme macho con hembras y  crías. Pese a que nos sentimos decepcionados por no poder contemplarlos en libertad su tamaño y potencia nos impactó.

Nos dijeron que estaban allí porque les daban comida, que si no ellos se movían por una extensión vallada haciendo un recorrido que repetían casi todos los días. Parece que hay otro grupo de animales pero repartidos por una extensión mayor, por lo que es más difícil verlos.

Interrumpo ahora el relato porque donde estamos ahora para hacer noche, en San Martin de los Herreros, escuchamos bramidos muy cercanos. Ya ha anochecido y me emociono creyendo que son de los ciervos. 

Cuando hemos llegado aquí, al margen de tener que bajarnos para apartar los caballos que estaban en medio de la carretera,  alrededor de las 18 horas un estrepitoso concierto de mugidos procedentes de todos los rincones del pueblo nos ha recibido. Pero ahora, a las 20,30 horas, con la noche cerrada, oimos los bramidos a lo lejos, varios, suponemos que procedentes de machos distintos. Pese a que desde el verano no ha llovido, ellos  parecen estar activos. 


Pero regreso al hilo del relato. Atrás dejamos este particular rincón palentino para dirigirnos a Cervera de Pisuerga, en primer lugar al eremitorio que encontramos después de algún que otro intento infructuoso, a la segunda.

Yo llevaba las coordenadas anotadas pero cuando llego al punto ninguna señal indicativa nos señala el lugar, así que pensando que me he vuelto a equivocar, nos dirigimos al pueblo y preguntamos por el eremitorio  a una joven. Como pone “cara de haba” la traducimos “eremitorio” por  “una iglesia de roca con agujeros de tumbas también en la roca”. (Y parafraseo a Angel que dice: “¡pero cuánto daño han hecho los recortes en educación en este país!”). Entonces lo reconoce y nos manda al mismo sitio de donde venimos. (42.858353; -4.491997)

Y allí encontramos sobre una pequeña colina una ermita excavada en la roca y rodeada de un decena de tumbas antropomórficas  excavadas también en la roca que ahora   han rellenado de grava.

Formaba parte del importante conjunto rupestre existente en la Montaña Palentina y en el sur de Cantabria, que tuvo su mayor apogeo en los primeros siglos de la Edad Media. La ermita y la necrópolis pudieron formar parte de un pequeño complejo monástico que contaría con otros edificios ya inexistentes.

Presenta una gran sala rectangular con varias entradas y toscos vanos, a la que se suma una capilla excavada al este.

Sin nada más que destacar de este lugar, ahora un poco abandonado, nos dirigimos al área a comer. La encontramos junto a l río en un pequeño polígono industrial. El sitio no parece muy acogedor. Hay unas cuatro autocaravanas. Comemos, descansamos y luego nos dirigimos al pueblo a dar un paseo.



Al margen de alguna que otra casona solariega con ostentosos escudos en sus fachadas y una bonita plaza porticada, no encontramos nada de  mayor interés en este pueblo. 

Posiblemente el interior de la iglesia, en la parte alta de la ciudad, lo tenga, en su retablo del que algo he leído, pero pese a que debería estar abierta a las 16,30, veinte minutos después seguía herméticamente cerrada. Es curioso: lo más difícil hasta ahora, lo habíamos conseguido visitar, y aquí, que debería ser más fácil, no lo conseguimos


Algo decepcionados nos dirigimos al área  de servicios   (42.87056   /   -4.49833 ) con la intención de cargar y descargar agua para darnos nuestra ducha pero...la fuente no funciona. Preguntamos a la única autocaravana que quedaba y nos dicen que está estropeada desde hace tiempo y que si necesitamos agua acudamos al otro lado del rio por una carretera paralela a él donde hay varias fuentes.

Cruzamos y, efectivamente, es un parque donde vemos varias. Pero, no nos llega la manguera, así que a cubos conseguimos rellenar el deposito para poner ahora rumbo a donde estamos ahora, en pleno parque natural de Fuentes Carrionas, un hermoso y tranquilo lugar donde la noche ya nos ha abrazado.

Y ahora me rio de mi propia ignorancia. Los berridos que creía que procedían de los ciervos resultaron ser de las vacas. De mi ignorancia me sacó el vecino de la casa de piedra cercana que cuando mencioné el "concierto", me dijo que se habían llevado los becerros de las vacas y que iban a estar dos días con sus noches así, llamándoles. Menos mal que al ser de noche no vería la cara de tonta que se me puso. Y pobrecillas. Yo solo pensaba en que me dejaran dormir.

Ayer cuando llegamos aquí, después de instalarnos en un pequeño hueco tranquilo para pasar la noche (42.890506; -4.594674) decidimos estirar las piernas recorriendo una pista forestal que ascendía por la ladera de la montaña. Cuando nos cansamos, decidimos regresar para afrontar la noche.

LUNES 10 DE OCTUBRE

La noche transcurrió entre mugidos. Fue curioso porque cuando el silencio era roto por el mugido de una era seguido por un concierto al que se iban sumando las demás. Pero aún en el silencio de la noche pude distinguir otros sonidos, como quizás berreas lejanas y aisladas y alguna que otra ave nocturna.

Al despertar me sorprendió el frío. A esta sensación asocie que no había oído ni una sola vez encenderse la calefacción. La luz estaba roja, la calefacción apagada, la temperatura exterior rozaba los 0 grados y la interior no llegaba a 7, así que nos vestimos “pegando saltos” y Angel salió a poner la otra bombona.


La noche va cayendo en el cerro en donde estamos ahora. Destaca aun la claridad por donde el sol se ha puesto. Estamos en Matamorisca, junto a una explanada al lado de la iglesia que hemos venido a visitar. Es un sitio encantador y muy tranquilo (42.842599; -4.306788).

Continúo con el relato. Después de desayunar pusimos rumbo al mirador de Vargas

La solitaria carretera se va abriendo paso por el valle y asciende algo serpenteante por la falda de la montaña. Atrás dejamos el comienzo de la senda del Gigante del Valle Estrecho. Luego volveremos para hacerla, y ascendemos hacia el mirador que alcanzamos en poco tiempo. 

Y nos sorprende el frio intenso. Frio de invierno y nos ha pillado con ropa de otoño, playeras de verano, de esas que tienen agujeritos y por todo abrigo, un chubasquero.


Salimos fuera y vemos el mar de nubes que se abre a nuestros pies y que cubre el otro valle. Ha helado y este fino hielo ha dibujado las formas de ramas,  las telas de araña tejidas entre ellas y alambreras de espino y cubierto el suelo con una finísima capa blanca que brilla a la luz de sol. El escenario parece irreal, casi mágico, pero el intenso frio hace que no lo podamos disfrutar como su belleza y extrañeza merecía.

Por el otro lado, el valle se abre recortando la figura de las montañas y cimas. 


Regresamos sobre nuestros pasos y paramos al comienzo de la senda del Gigante del Valle Estrecho (42.905429; -4.628020) . Un mapa nos indica la ruta y el tiempo. La intensidad del frío ha bajado y podemos caminar, cosa que en lo alto del mirador dudamos poder hacer. 

La senda comienza en ascenso y vamos saludando a las vacas que curiosas, acompañan nuestro paseo. 

Alcanzamos el primer mirador. A nuestros pies se abre un hermoso y pequeño valle con el pueblecito de Rebanal de las Llantas al fondo donde parece morir la carretera que nos llevó ayer a San Martín de los Herreros. De frente, una pared de montañas donde se alternan zonas boscosas con calveros. El color verde de los árboles se alterna con el dorado de los claros. El campo está muy seco. No oímos apenas la berrea y si lo hacemos, es muy lejos.

La senda continúa abriéndose paso por la cresta de la montaña y vamos dejando a nuestra derecha el valle, cimas y laderas. 

El camino es ancho y cómodo y lo  recorremos hasta llegar al mirador que nos abre a un amplio valle en donde se dibuja al fondo la coloreada silueta del Parador Nacional de Cervera de Pisuerga. Un cartel nos ilustra sobre los picos que tenemos a nuestros alrededor y nos cuenta la leyenda del gigante del valle. 

Tan solo nos encontramos con una pareja más.
Iniciamos el regreso igual de cómodo que la ida y descendemos hasta la autocaravana.

Ahora decidimos poner rumbo a Estalaya así que regresamos a Cervera  y desde allí ponemos rumbo norte. 

Angel piensa lo mismo que yo: hace 30 años o quizás más, estuvimos con nuestros amigos de toda la vida en San Salvador de Cantamuda. Entonces éramos jóvenes y estábamos casi nada. Estábamos empezando. Compartimos juntos el puente de primero de mayo en una casa que alquilamos al Obispado (entonces no estaba de moda el “turismo rural”) y nos cayó una buena nevada.

Al día siguiente comimos en la venta Campa. Recuerdo aquella comida como entrañable, casera y sobre todo me acuerdo del flan que estaba de muerte y que nos sirvieron con un enorme cucharón. Tan solo 15 km nos separaban de nuestro pasado y  fuimos a su encuentro.

Y encontramos la venta Campa tal cual, en la carretera pero cuando entramos y preguntamos si servían comidas nos dijeron que no y nos mandaron a otro sitio. Resignados nos fuimos a pesar de que dije que yo quería comer allí y expliqué el motivo.

Nos acercamos a la iglesia. Yo no me acordaba de nada. Angel del exterior. Entonces quise visitar el interior y Angel me dijo que no había nada destacable. Aun así, yo insistí y me acerque a la casa cercana donde nos dijeron que tenían las llaves. 

En cinco minutos nuestra particular Cicerone, dejó de hacer su comida se puso un pantalón y nos acompañó. ¡pero qué buena gente hay en todos los sitios!.

Cuando abrió la iglesia me sorprendió la sobriedad y elegancia de su interior, pero aun más comprobar, una vez más, lo que la juventud hace. Aunque había estado allí hace 30 años, realmente no lo hice. No vi, no miré, o no supe lo que veía. Otro pecado de juventud, la ignorancia, la arrogancia y prepotencia, la prisas, porque cuando se es joven, se va muy deprisa.

Tras estas reflexiones que compartimos con nuestra guía, nos fuimos, siguiendo su consejo, a comer a la Taba, a 100 metros

Allí tenían menú de degustación: seis platos, tres primeros más tres segundos y un  postre. Y no, no se elige uno de los tres, si no los tres. En un principio éramos reacios, pero nos lanzamos a la aventura. Así degustamos cecina de vaca, guisantes y judías con chorizo. Sencillo pero bueno. Después rabo de ternera, pollo asado y picadillo. De postre, unos socorritos de chocolate, un trozo de milhojas de crema y arroz con leche que se comió Angel. Un poco de todo y no me dio la sensación de haber comido mucho. Todo muy bueno y el trato encantador y atento.

Y aquí tuve mi momento emotivo, tanto, que no pude evitar las lágrimas. Acababa de enlazar mi pasado con el presente, un pasado en el que no teníamos nada y a la vez lo teníamos todo, como ilusión y juventud, con un presente en el que habíamos conseguido hacer juntos muchas cosas, cumplir algún sueño que otro, pero en el camino que unen ambos habíamos perdido también sueños y sobre todo a seres queridos. Y el núcleo de los que entonces, hace 30 años estuvimos, aun estábamos juntos y teníamos nuestros hijos. 

Pensamos entonces en la posibilidad remota de traer aquí a nuestros nietos, si algún día los teníamos. Ahora estaba enlazando este pasado y presente con el futuro. Ya no vamos a vivir muchas más cosas, las más intensas las hemos hecho ya. Ya hemos sobrepasado el ecuador de nuestras vidas, comienza la cuesta abajo. Es la realidad y la nostalgia nos invadió a los dos, porque a Angel se le pusieron los ojos vidriosos. En fin, blandengues, sensibleros...la edad.

Ya en la autocaravana Angel se hizo un café y dimos una cabezadita. Después pusimos rumbo a Estalaya para hacer la senda del roblon.

Allí llegamos a eso de las 4 y tras dejar la autocaravana en un aparcamiento (42.924242; -4.471958), iniciamos una ascensión, suave, pero ascensión. 


En poco tiempo nos internamos en un bosque de robles al que luego acompañaron las hayas para después mezclarse con los acebos y serbales. 

Tras una pronunciada aunque corta cuesta llegamos al roblón, un roble de once metros de perímetro y 800 años de edad. 

Espectacular es una palabra que se acerca a describirlo, pero que no lo  consigue del todo. 



Este “abuelo” casi milenario presenta una herida posiblemente producida por un rayo al que sobrevivió. Le han hecho alrededor una pasarela para que todos podamos rodearle y admirar su vitalidad, su fuerza, su grandeza, porque se mire por donde se mire es magnífico y creo que no deja a nadie indiferente.

Tras dedicarle un buen tiempo, descendimos y entre las dos opciones, la de regresar por donde habíamos venido, o alargarlo dando una vuelta y haciendo la senda completa, nos decantamos por esto último de lo que nos alegramos ya  que de nuevo nos encontramos en medio de un hermoso bosque de hayas, mi preferido, aunque seco por la falta de lluvias. 

Después las hayas se mezclaban con los robles y acebos hasta acabar en un claro para comenzar un suave descenso.

De éste lo único destacable una manada  de enormes caballos que estaban en medio del camino y que tuve que espantar ya que no me atrevía a pasar entre ellos; muchos y muy grandes. Al final no pude remediarlo y me acerqué muy despacio al que parecía más sociable y con movimientos muy lentos le acaricié y me acerqué hasta conseguir juntar mi cabeza con  la suya. Los echo de menos, me comunico bien con ellos.

Dos horas después era el momento de iniciar el regreso y de camino teníamos aun  ermitas que visitar, media docena o más,  aunque ya había asumido que no podría abarcar todas y tendría que dejar alguna para  otra vez. Así decidimos ir a Matamorisca y llame a Pedro  (691715534) que según su mujer estaba en el tanatorio y no regresaría a tiempo para podernos abrir la iglesia, pero su mujer, aunque me dijo que estaba “pachucha”, se ofreció a dejarme las llaves.

Cuando llegamos un autocar recogía gente en la carretera. La iglesia parecía estar en la parte alta del pueblo y vi la entrada complicada. Llamé de nuevo para ir a buscar la llave pero me dijeron que no se las habían devuelto así que salí de la autocaravana dispuesta a encontrar  a la persona del grupo que la tenía. Y allí encontramos a Pedro con ella. Me dijo que me la prestaba y que fuéramos nosotros  indicándonos cómo llegar. Pero le respondí que me sentiría más cómoda si venía él, así que el buen hombre dejó su carretilla donde llevaba el pienso para sus pollos y se subió con nosotros en la autocaravana (42.842507; -4.306810).

La iglesia, preciosa. Una vez más, frescos que cubren dos paredes y San Miguel pesando almas, Lebiatán, el diablo con su caldera y escenas del nuevo testamento, las mismas: la anunciación, nacimiento, adoración de los reyes y circuncisión y de nuevo los ya tan familiares  tonos ocres y rojos. A veces encontrábamos tantas semejanzas, tantas escenas tan familiares y repetitivas que me daba la sensación de no haberme movido kilómetros y kilómetros por la zona.

Nos dijo que habían descubierto los frescos casualmente al caer una piedra de un muro que los tapaba. Aunque están algo deteriorados son muy hermosos.

Parece ser que data del  siglo XIII donde aparece representado el románico rural más tardío, aunque se habla de dos fases de construcción. Es en el  XVI  cuando se llevan a cabo la mayor parte de las reformas y  un derrumbe parcial de la espadaña obligó en su día a que se levantara de nuevo sufriendo alguna transformación más. 


Las pinturas se atribuyen al llamado Maestro de San Felices que se movió por los templos de norte de Palencia y del sur de Cantabria en el siglo XIV.

Pedro nos dijo que podíamos quedarnos a dormir en la explanada de la iglesia, que alguna autocaravana en el verano lo hacía, así que siendo ya pasadas las 19h decidimos quedarnos en este altozano tranquilo para mañana poner rumbo a Barrio de Santa Maria.


Y  llamé  al teléfono que tenía para visitar su iglesia (Ascen 979181858), una de las más populares de la zona, pero su marido me respondió que hasta las 11 de la mañana no se podía visitar. Muy tarde para nosotros  así que decidimos empezar por la de Espinoso de Aguilar. Lamo a Mercedes (979 181424). Responde su hermano y me dice que “la Mercedes está en la cama”. Al interesarme por ella me dice que “la Mercedes tiene esa enfermedad de ahora que se olvidan cosas” y que no se acordaba de cómo se llamaba. Respondí que Alzheimer y me lo confirmó. Pero él se ofreció a darme las llaves así que, aunque no me gustaba, siendo la única posibilidad lo acepté, por lo que quedamos para mañana.

Después, me volvió a dar la “pájara”. Le dije a Angel que este era el futuro de todo este patrimonio tan maravilloso que habíamos  ido descubriendo poco a poco en estos días:  o el olvido, o su deterioro o la ignorancia.  O todo. No se podría disfrutar de él como habíamos hecho nosotros y otros tantos, antes y después. Nuestros pueblos se despoblaban, la gente joven se iba y no regresaba, los mayores, aquellos que generosamente entregaban su tiempo para que gente como nosotros disfrutáramos del arte y de la belleza, de un trozo de nuestra historia, morían o ni siquiera podían cuidar de sí mismos como para cuidar de nuestra peculiar herencia. Y nuestros pequeños trozos de arte e historia también se iban con ellos.

MARTES 11 DE OCTUBRE

Noche tranquila y estupenda. De nuevo, la mañana nos sorprende con una finísima capa blanca de rocío helado. El sol ilumina y da vida a la explanada en la que hemos pasado la noche junto a la iglesia.


Partimos hacia Vallespinoso de Aguilar y siguiendo las indicaciones del navegador nos metemos por una carretera casi de infarto que atraviesa un embalse y con el tamaño justo para nuestra autocaravana. Cruzamos los dedos para no toparnos de frente con ningún otro vehículo. Tras atravesar el embalse y ascender siguiendo esta minúscula carretera llegamos a un mirador, un pequeño balcón abandonado hoy y desde donde contemplamos unas vistas muy hermosas. Enseguida dimos con una carretera general de mayor tamaño hasta llegar a esta pequeña localidad parando junto a su iglesia en busca del “guardián de las llaves”, Nihiliano, que nos dijo que vivía al lado. 

Peinaba ya sus 84 años y nos contó que su hermana Mercedes tenía la “cabeza mal” y que él estaba operado ya varias veces de cáncer de colon, y que ahora iba a cuidar de su huerta. Nos asomamos a ella y vimos como había sacado ya sus patatas que esperaban sobre la seca tierra a ser recogidas y nos fijamos en un par de saucos podados de forma algo graciosa ya que había dejado solo la copa. Al preguntarle cómo lo había hecho dijo con simplicidad “subiéndome al tejado”. ¡Toma ya!. Quedamos sorprendidos y también asustados ya que su fragilidad aparente  hacia dudar de su estabilidad ya en tierra, cuanto más sobre un viejo tejado. Desde luego nuestros mayores son duros…

Con la llave partimos a la iglesia de Santa Cecilia encaramada en un risco y que  divisamos desde la carretera. Dejamos la autocaravana en un parque infantil y nos acercamos a ella (42.916336; -4.246944).  

Data del siglo XII o XIII.  Tiene una curiosa torre redonda adosada al exterior de la nave dándola un cierto aire de fortaleza. La portada es magnífica aunque algo deteriorada.


Nos detenemos en algunos de sus detalles escultóricos como un caballero revestido con cota de malla de pies a cabeza y armado de espada que para con su escudo la dentellada que le lanza un fiero monstruo serpentiforme alado. Al lado opuesto las tres marías junto al sepulcro vacío de Cristo.


En el exterior hay diversos canecillos que representan músicos,  una figura onanista (los técnicos la denominan personaje itifálico)  en gesto obsceno y un ave que tiene en su cuello enrollado una serpiente al igual que en la iglesia de las Henestrosas.

Del interior lo primero que llama nuestra atención es la gran diferencia de nivel que hay entre la nave y la cabecera del templo para salvar un peñasco. 

Pero sobre todo destacan los capiteles de acceso al ábside y curiosamente el de la izquierda tiene esculpida un Sansón abriendo las fauces de un león; pero lo que le distingue y resulta más llamativo es su coincidencia con el capitel que vimos en Santa María de las Henestrosas ya que Sansón está montado sobre el león  e igualmente alguien tira de su cola. Hay otros hermosos capiteles esculpidos en fina filigrana con motivos vegetales que no parecen ser de piedra.


Dejamos atrás esta iglesia para dirigirnos ahora a Barrio de Santa Maria. Intenté contactar antes con su guía, Ascen, pero la cobertura era muy mala que no lo conseguimos, así que después de varios intentos decidimos dirigirnos para allá y  probar suerte.

Ya llegando avistamos la ermita en lo alto de otra pequeña loma y al entrar en el pueblo, volvimos a llamar a Ascen. Solo nos pudo decir donde vivía y se cortó, así que entramos en el pueblo e identificamos su casa, pero la cobertura era ahora nula. 

Encontramos otra pareja que también hacia esfuerzos por contactar con ella, pero no había manera, hasta que una señora salió de su casa. No fue dificil deducir quien era ella.  

Subimos los cinco en el turismo de la otra pareja y nos acercamos a la iglesia ((42.810325; -4375446). Ascen resultó ser todo un personaje, con carácter, fuerza, entusiasmo, nada usual a su edad .


Ya en la puerta admiramos el trabajo que tenía y las representaciones que en ella se daban además de llamar nuestra atención por su orientación, atípicamente hacia el norte.

Traspasada ésta y en el  interior, nuestros ojos se detuvieron en los frescos que aún se conservan aunque Ascen nos dice que cuando ella era niña cubrían todo el ábside y que llegaron así a la restauración e incomprensiblemente a partir de entonces empezaron a deteriorarse hasta desaparecer en algunas zonas.  Nos comenta que ella marchó a Bilbao durante muchos años y que cuando regresó, la humedad se había comido muchos frescos, humedad del tejado y que según ella, las autoridades responsables no repararon ni dejaron que el pueblo lo hiciera.


En el ábside queda aun visible su abundante decoración geométrica y restos de un pantocrátor. En un lateral aparecen los tormentos que sufren los condenados a penas infernales y en el otro, el más deteriorado al estar en el lado norte, lo que parece una última cena. 

Después pasamos al exterior donde también con entusiasmo e interés nos fue desgranando sus distintos elementos o los más sobresalientes. 

Allí me enteré de que hay un tipo de piedra que recién cortada es muy blanda pudiéndose trabajar fácilmente y que luego, al contacto con el aire, se vuelve extremadamente dura. De ahí que trabajos labrados sobre este tipo de piedra parezcan hechos recientemente y den el aspecto de restaurado a aquellos ignorantes como yo, sobre todo si están al lado de otras labores hechas en piedra normal donde la erosión y el paso de tiempo han hecho estragos.

La decoración más importante se encuentra en el exterior de las ventanas del ábside. La del lado norte presenta un capitel decorado con una representación del Pecado Original, mostrando a Adán y Eva cubriéndose a los lados del árbol de la vida, cubierto con manzanas, y en el cual aparece enroscada la serpiente; el otro capitel de esta ventana presenta motivos vegetales.


La ventana del tramo central unos capiteles más sencillos, decorados con motivos vegetales, pero en su tímpano hay un ángel que presenta la singularidad de tener barba bendiciendo con las alas extendidas.

Otra ventana abierta en la parte sur tiene capiteles con figuras arpías afrontadas con gorros frigios y otro un grifo luchando con un león.

Regresamos de nuevo al pueblo para poner rumbo a Santa Eufemia de Cozollos. 

Volví a llamar por teléfono pero me dicen que el guía estaba aun en el hospital aunque esperaba el alta en el día de hoy. Muy decepcionada acepté cambiar esta visita por la cercana ermita de Perazancas a tan solo 7km.

Y llamamos a Consolación que nos dijo que estaba en la iglesia de la Asunción de la localidad con otra pareja. Allí llegamos unos minutos después uniéndonos a ellos. 

Esta iglesia está siempre eclipsada por la vecina ermita de San Pelayo que es la que inicialmente íbamos a visitar. 

Del interior destaca la pila bautismal, románica, rodeada de arcos cegados.

En el exterior se encuentra lo más llamativo de esta iglesia, su portada con tres arquivoltas. En la intermedia hay una corona de músicos que tocan diversos instrumentos medievales: tambores, arpas, violas, laúdes.



En el exterior del ábside hay un curioso y elegante ventanal de arcos de medio punto decorado con hojas acaracoladas y entrelazados vegetales.  
De allí ya solos los tres, pusimos rumbo a la ermita de San Pelayo a 2 km del pueblo (42.775533; -4419559). Y se ha de estar muy atento para localizarla  ya  que primera vista su fachada de poniente es anodina.

Solitaria, sencilla en su portada, aparentemente parece no guardar nada de interés. Parece que data del siglo XI y que fue edificada sobre un templo hispanovisigodo previo del que restan capiteles, lápida de consagración y algún sillar reutilizado.

Su interior conserva restos de hermosos frescos donde se distingue lo que en su día fue un pantocrátor y los apóstoles y  en la parte inferior del ábside un calendario con distintas labores agrícolas. Todo lo demás  esta prácticamente desparecido.

Podemos observar la delicadeza de la ejecución de las pinturas, con el detalle de los pliegues de las vestiduras y el de las manos y vegetales que recogen, pinturas cronológicamente del XII, y según algunos autores emparentadas con las de San Isidoro de León.

Preguntamos por los tres sarcófagos antropomorfos que había en su interior y como anécdota nos contó que en el interior de uno, años atrás, cuando se asomó curiosa con su marido, pudo ver el esqueleto completo e intacto de una mujer, grande, con su hijo. Dice que quedó impactada y que no se la olvidará nunca.

Salimos al exterior y descubrimos un hermoso ábside  lombardo con ajedrezados y arquillos cerrados ciegos casi intactos que por su posición parece casi oculto.




Devolvimos a Consolación a su pueblo, que al igual que otros guías improvisados, confesó disfrutar enseñando su iglesia a los visitantes que así lo pedían.  Y al contrario que Ascen, Consolación es tímida y manifiesta su ignorancia de la ermita, aunque ya hemos comprobado que saben más de lo que dicen o creen saber, entre otras cosas porque son puntos de confluencia de distintos visitantes,  que les cuentan lo que ellos saben.

Así los conocimientos aportados por los distintos curiosos,  eruditos o no, procedentes de distintas disciplinas del saber, arquitectos, historiadores, geólogos, fotógrafos especializados, estudiantes o aficionados que saben mucho más que muchos “doctores”, confluyen en ellas que curiosas escuchan lo que cada uno cuenta de su disciplina convirtiéndose en una especie de crisol que recoge y atesora lo que van oyendo. Solo cuando algún visitante se muestra más curioso o inquisitivo, exponen lo que saben.


Volvimos a Santa Eufemia a comer y a ver si en ese tiempo había regresado el guía, pero no hubo suerte, así que admiramos del exterior el ábside central de la iglesia que destaca de entre los otros dos por su tamaño y decoración con abundancia de motivos al modo jaqués y bolas. Los capiteles están decorados con motivos vegetales y animales.

Lamentando no poder visitarla, partimos  de regreso a casa un poco después de las 16 horas, totalmente llenos, impactados, no solo por la riqueza en historia, cultura y arte de la zona, sino, y quizás tan importante o más como lo anterior, la riqueza, historia y cultura de sus gentes, de sus habitantes, de los “guardianes” de todo…hasta que desaparezcan. Y con ellos, se irá también la historia de sus ermitas e iglesias….


NOTA: No puedo acabar sin añadir los enlaces a dos relatos que recogen también  Aguilar de Campo y alrededores: angeles-burgospalencia.blogspot.com  también de dos días y que añade información sobre localidades próximas a Aguilar de Campoo, como el paraje de Las Tuerces en Villaescusa de Torres, Santa María de Mave, El cañon de la Horadada, San Andrés de Arroyo y Moarves de Ojeda,  y angeles-villasromanas.blogspot.com que contiene información sobre el propio Aguilar de Campoo, Carrión de los Condes y la ruta de los Pantanos, además de centrarse en las villas romanas palentinas. además de lo que no pudimos visitar como Santa Eufemia, Olleros de Pisuerga o Rebolledo de la Torre que se quedará para otra escapada.


El mundo necesita gente que ame lo que hace

Boadilla del Monte, diciembre de 2016


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